Sin título

•25/11/2009 • 7 comentarios

 
Él
 

 

Se imaginaba atravesando el espejo de su propia existencia, sometía a su imaginación el oasis abrazado por la oscuridad.

 

No andaba a través de sueños que a veces, se confundían con todo aquello que era tangible; pero se dejaba seducir en la certeza de la verdad. Quería ir más allá del espejo, huir del presente, era un impulso sentido al mirar sus manos, cuando daban dulzura o se ensangrentaban de crueldad.

 

En esos momentos la confusión dominaba su cordura, y le dejaba escuchar el llanto oculto bajo la cama de la habitación de al lado; trasnochaba con su sonido cuando de pronto la embriaguez, le dio un revés por dentro, sin dejarle ver el cuerpo maltratado y tirado en el suelo.

 

Intentó atravesar el espejo, pero solo consiguió dejar rastros de sangre, y devolverle su imagen en miles de pedazos rotos y con rasgos que le pareció no podían ser los suyos. Su reflejo se había convertido en su propio juez.

Se dirigió al balcón, se asomó, y se dejó abrazar por el vacío. En ese instante un llanto cesó, y unas pequeñas manos, acariciaban dejando rastros de esperanza en un rostro ensangrentado. Apenas se abrieron sus ojos en un interminable cansancio, pero una sonrisa nació en una nueva puerta abierta hacia la vida.

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Ella

Tonos ocres entrecortaban el cielo. Sus pupilas respondían a la luz aunque su cuerpo parecía pesar demasiado, tanto, que su mente no obedecía al deseo de incorporarse.

 

Sintió frío, era gélido y lastimaba más aún su rostro. Consiguió incorporarse despacio, cuando la puerta de la terraza hizo un fuerte ruido a causa del aire.

Recordó sus ojos cuando la pegaba, se retorció al recordarlo, y deseaba no volver a ver sus ojos, no sentir su ira, alejarse de la violencia de sus manos, eso no era amor no.

 

Apenas unos días atrás parecía cambiado, su forma de tratarla le ablandó el corazón, y recordó el momento en el que se conocieron, todo era perfecto, la felicidad para ella estaba entonces guardada en una burbuja que nadie era capaz de hacer desaparecer; sus manos al acariciarla, su mirada enamorada, sus detalles.

 

¿Qué había pasado? ¿En qué momento cambió? ¿Por qué?

 

Ahora tenía que escapar de él, alejarse con su hija, pero tenía tanto miedo, sabía que la encontraría, y que nunca se libraría de él.

 

El cielo pareció recobrar la cordura al teñirse de los colores del nuevo día, el ocre había desaparecido y el azul tímido, se asomaba para hacerle recordar que el tiempo no se paraba nunca.

 

Cerró los ojos y sintió un suave calor en las mejillas, sonrió al reconocer las manitas de su hija, le hablaba despacio pero sus oídos estaba dañados, y su cuerpo seguía sin responder.

Buscó la mirada de su hija y al encontrarla, supo que todo estaba bien.

 

La niña tiró de sus manos, y fue hacia la terraza, se incorporó muy despacio y miró hacía el vacío, su hija sonreía y llevó su móvil a sus manos.

 

Cerró la puerta de la terraza mientras el sol ya estaba a la altura de sus ojos.

 

El título lleva muchos nombres propios en él, no me cabían todos.

 

Mujer

•24/11/2009 • 4 comentarios

Mis pechos son parte de mí, mis pechos y yo no somos tres, el número es 1, yo, mujer.

 

Estaban escondidos cuando nací, esperaban su momento, su día para aflorar, para complementarme y hacerme sentir mujer. Me han acompañado en todo, han hecho un hermoso papel en mi vida:

 

Me han dado argumentos y armas para el placer.

 

Me han enseñado a ser y sentirme femenina.

 

Han hecho un precioso trabajo de arquitectura en mi cuerpo, han esculpido mi silueta.

 

Han alimentado a mis hijas en sus primeros meses de vida, han sido los mensajeros indiscutibles de los primeros vínculos entre nosotras, les han hecho llegar todos mis sentimientos, les han enseñado a apreciar el sabor, el olor, el calor, el cariño.

 

Han sido el prólogo de mi papel de Madre.

 

Son la parte más sensible y vulnerable de mi cuerpo. Al pensar que pueden enfermar, ser dañados o desaparecer, la empatía al imaginarlo es de un dolor intenso, así, como si perdiera a un ser muy querido.

 

Y ellos a su manera, me piden cada día que los cuide, lo hago; por favor, hazlo tú también mujer, hazlo aunque creas que eres intocable o eterna, hazlo para agregar la palabra prevención en tu diccionario de prioridades.

 

Hazlo si crees que te está sucediendo pero no estás segura, hazlo, sí ya has pasado por ello y has tenido suerte, hazlo si has tenido menos suerte y lucha sin tregua.

 

Y si perdiste la batalla, únicamente fue por ser mujer, y eso fue lo más maravilloso y preciado que te sucedió al nacer, y eso te distinguió al decir adiós.

 

 

 

 

Hombre, vístete de lazo

 

 

Futuro

•23/11/2009 • 3 comentarios

 

 

El futuro está tan cerca, que nunca debo olvidar que el pasado me acaricia cuando me dice adiós, pero no suelta mis manos.

 

Sonidos

•20/11/2009 • 5 comentarios

Escucho de lejos, un sonido apenas perceptible, es tan tenue, que intento darle forma en mi imaginación.

 Quizás sea una estrella que al rozar otra estrella, intenta imitar asonancias desconocidas por nosotros. O puede que el océano ahora, esté silbando al próximo amanecer.

 Y yo de verdad que hoy deseo jugar con las palabras.

 No hay aguas sin ruidos, ni estrellas sin luz, ni sol sin calor, no hay, sentimientos sin sentido. Y siempre sin querer, todo me lleva a tu mirada.

 Es tan difícil escribirle al amor, como imposible es ignorar la esperanza, sentir la pasión, o no poder interpretar la mirada de un desconocido.

 Creo que divago mientras pienso, que cuando llamé a este espacio Letter, lo hice porque en realidad mi vida es una carta repleta de sentimientos, pasiones, ilusiones y esperanzas, que siempre acaban con encabezamiento incompleto, pero con final definido.

 

También mis cartas atrapan tristezas, desengaños, silencios, amistades que naufragan, y vacíos que se quedan a lo largo del asfalto que cada día me intuye y me acompaña.

 

Pero nunca nada se queda sin respuesta, es algo que he aprendido a lo largo de mi vida, que cuando sabes escuchar a la vida, una respuesta de hoy, te la dará aunque pasen mil años, sí, tanto tiempo, pero tienes que escuchar, con prestar oídos nunca es suficiente.

 

Hoy he hablado con alguien a quien aprecio, de todo mis problemas, me escuchaba sin pestañear mientras le contaba todo aquello que me aqueja, que me impide ser feliz, y ha sido gratificante ver su comprensión en su risa, en su mirada, y en su silencio roto cuando he dejado de hablar.

 

Este texto es para él, para alguien que de verdad merece la pena por su calidad humana, y que a partir de ahora, me ganaré su amistad; oportunidades así no se tienen que desperdiciar, dice Ismael Serrano, cuando no hay  alma que llevarse a la boca.

 

•11/11/2009 • 4 comentarios

candados

Hoy quisiera escribirte como nunca he escrito a nadie, hoy quisiera decirte, lo que nunca he sido capaz de expresar, quisiera dejarte al lado de la ironía, detrás de la hipocresía, y avanzando en línea recta con la verdad… ya sabes, verte como le das la mano a la sinceridad cuando en la recta de tu introspección, te alcanza y te ofrece sustento.

 

Te imagino así, te deseo intentando al menos por una vez, entenderme, pero tú callas, te pierdes en brumas que parecen abarcar una eternidad, y te encuentras siempre al principio del camino, y yo que ahora te escribo tan pasional, sé, que estás a punto de perderme.

 

Para ti perderme no es nada, para mí, es encontrar huecos vacíos que abarcan desde mi mente hasta mi corazón, para dejar grabado el recuerdo de tu sonrisa, tu mirada perdida, tus labios sellados, y tus pasos cansados cuando aún no se daban cuenta de los kilómetros que faltaban por recorrer, y tu eterno silencio del aquí y ahora, ese silencio que es una condena para ti, y un nuevo camino para mí.

 

 

 

Otoño tardío

•05/11/2009 • 7 comentarios

otoñ

Hoy he sentido por primera vez frío, después del verano. Quizás ha sido porque hoy he estado muy sola conmigo misma, ha sido improvisado, casi sin querer, de pronto la mañana era una isla desierta para mí.

 

He podido hacer mil cosas, pero entre todas ellas, mis píes deseaban acariciar el asfalto bañado de otoño, con esas hojas secas y tardías en esta temporada, porque el otoño ha sentido mucha pereza para dejarse ver, y la verdad es que yo le añoraba, me sentía en cierto modo, abandonada al no sentir su olor, al no percibir ese frío leve que por las noches cuando ya llega, te inunda la piel de soledad.

 

En el otoño siempre veo un espejo, le caracteriza su reflejo de tonos que invitan a la nostalgia, a la melancolía de la que muchos huyen, al gris incomprendido porque recuerda a la tristeza, al verde apagado del paisaje, al cielo entrecortado de nubes, a ese aroma que tolo lo inunda, e incluso a los sabores de algunos frutos que solo germinan cuando el otoño es un compendio equilibrado de temperatura y color.

 

Es entonces cuando todo esto nos provoca bajar más las persianas de nuestras ventanas, pero al hacerlo, corremos el riesgo de no disfrutar de detalles pequeños que en la naturaleza, explosionan en un sinfín de placeres para nuestros sentidos.

 

El otoño es el reflejo perfecto de todo lo intermedio, incluso más que la primavera, porque ésta, nos lleva al calor, al descanso, al mar, al amor del verano, pero el otoño nos prepara para el largo invierno, para el frío, para dar los primeros pasos cuando la madrugada recién estrenada, nos lleva a nuestro trabajo, a, ver otros ojos soñolientos, o a no tener a veces fuerzas suficientes, para sonreír cuando dices: Buenos días.

 

Una vez que pasa Octubre, el otoño se apodera de mí, me siento feliz con sus tonos intermedios, con sus olores intensos y que no siempre están al alcance de cualquier espectador, me gusta el sonido de la hojas bajo mis pies cuando se quiebran en mil pedazos después de haber muerto, me gusta porque caen para eso, para desaparecer en el suelo, para hacernos recordar en infinidad de ocasiones, que también en el otoño hay almas que se agotan en camas de hospitales, o entre las cuatro paredes de las habitaciones que se llevan sus secretos.

 

Se van los grandes, se van los desconocidos, recordamos a los que quisimos cuando muchos años atrás también se fueron en otro otoño pasado, se mueren amores de verano, pero se incentivan mis sentidos, cuando empieza el otoño, y él empieza, cuando yo soy capaz de sentirlo en mi piel, o en mis retinas, cuando sus colores me despiertan al empezar la madrugada.

 

El otoño, en él todo muere y se apaga, lo hace y se sacrifica para que después, todo se pueda regenerar, por eso me enamora y me seduce.

Segundo Apellido

•25/10/2009 • 5 comentarios

Armas y Balas

Cuentan en mi ciudad las abuelas que han sobrevivido a sus maridos, las historias de fúsiles que aunque todavía recuerdan, no se atreven a decir en voz alta.

No atreverse, no por miedo, no atreverse porque al recordarlo se hace un nudo en las entrañas, ésas que rugían en la miseria del hambre burladas con mondas de patatas fritas, cuando las sirenas les hacían agarrar a los hijos y correr por el asfalto roto, machacado por los seres que llevaban el apellido de la guerra.

 

Los píes se precipitaban al suburbano que entonces, no sabía de modernidades e ignoraba que si estiraba los brazos al futuro, podía tocar con la punta de los dedos, el progreso en saltos de 20 años o más…

 

…Cuentan, se miran entre ellas buscándose en las miradas de la complicidad que han vivido la misma historia, miradas que salen desde dentro, en las ausencias que se han olvidado a fuego lento en los andenes de la memoria que todo lo graba, y a la vez, todo lo aniquila cuando se aparta para morir en el callejón del dolor.

 

Dicen, que cuando todo acabó, muchos se empeñaron en buscar un segundo apellido, para darle nombre a lo innombrable, para darle un segundo apellido al asfalto que al sobrevivir, le han tapado las heridas con huellas de distintos nombres, pero de raíces que por debajo, suelen llorar cuando sus antepasados y sin saberlo, pisan la sangre seca a la que ya no reconoce ni la lluvia.

 

Cómo una estampa, decía con énfasis en la voz la del moño, sí, aquella que una vez perdió a la más chiquita, cuando al ruido de sirenas una bomba desde el aire infernal, dejó ese cuerpecito inerte en el suelo porque el susto fue más grande que su pequeño corazón (…)

Y tiraba de los otros, que sin dejar de mirar atrás, veían a su hermana sin entender nada. Pero no eran tiempos de pararse a llorar, eran tiempos de tragarse las lágrimas y así de paso, salvar a los demás. Y se salvaban sin saber de qué escapaban, y seguían sin saber el porqué de su lucha, y sin soltarse el pelo de la nuca, lloraba cuando las luces se apagaban, y esperaba a que volviera la luz del día para abrazar el cuerpecito que todavía ahora abraza, aunque se haya perdido su vida en el la más absurda confrontación teñida de rencor entre nacionales y republicanos.

 

Republicanos con nombres de poesía esparcida en caminos desconocidos, mientras caminaban de espaldas a lo absurdo, poetas non gratos por sus ideas y que la historia se ha ocupado de no robarnos, y de abrazarnos entre los brazos de la cultura que nunca murió con ellos…republicanos anónimos con el último pensamiento de sus hijos bajo el ruido de un pelotón numeroso, anestesiado de conciencia pensando siempre que era el del al lado el que tenía la pólvora asesina…

 

…Y había recuerdos para los nacionales también caídos, porque algunos cayeron, pero entonces ellos no fueron prisioneros, fueron los verdugos de algunos recuerdos que ahora se cuentan en voz alta, de nombres perdidos en fosas anónimas y que ahora con su moño, esperaba para que todos y cada uno de ellos, pudieran mirar al presente y se supiera el lugar que habían dejado vacío.

Como el vacío del hambre que nunca se ha vuelto a saciar, aunque la abundancia nos quiera hacer olvidar; pero nada se olvida, ni siquiera la muerte lo borra.

 

Se tarda en entender lo mucho que cuesta encajar el rompecabezas del sufrimiento, mezclado con el egoísmo de quién no lo ha vivido, de aquel que ha intentado transformar la sangre vertida, en monumentos de piedras tan blandas como el agua, de aquellos que ignorantes aún no saben, que aquí nunca hubo una cuestión de razones, sólo fue no saber encontrarle los píes al respeto, y tildar a la tolerancia de calzarse con ellos cuando se los veían planos y no aptos al servicio de la palabra que une, comunica, y se eleva más allá de la razón, aunque fuese sin alzar la voz.

 

(…)Mi Lolita, no sobrevivió, ella no pudo dejar la palabra escrita de otras Lolitas, como aquel que sin dejar de mirar atrás, guardó el semblante de lo perdido para desmembrar con el tiempo las espinas de ese tallo, y que a pesar de tanto pinchazo y bastantes heridas, le ha dejado la rosa limpia, rosa que morirá, pero hasta entonces, será la belleza en la vida de muchos ojos, y será bañada de las gotas que pareciendo rocío, serán en realidad, las lágrimas que no han de morir, porque mientras estemos vivos, nunca se han de olvidar de su segundo apellido.

 

 

-Siempre me descansa la memoria cuando instantes que se alargan en intensidad de sentimientos, me abrazan con una calidez que nada tiene que ver con lo físico.

 

Son los recuerdos de lo contado, de aquello que alguna vez, se quedó grabado por la fascinación de la voz que narraba, y que a la vez, te hacía escribir sin saberlo en la memoria, cuando perdías la noción del tiempo, interpretando las miradas del dolor en los recuerdos contados en voz alta-.

        

•21/10/2009 • 8 comentarios

ter

Era la venda de la convicción de su ideología, ésa que levantaba la bandera del horror a los ojos de los demás.

 

Él estaba en el pellejo del arma que se escondía en su alma, era en los momentos que se aproximaban, el arma de su alma.

 

Frialdad hacia su objetivo, unos ojos que no veía, una vida que no apreciaba; nada laceraba su parte emocional, que se ocultaba en una 9 milímetros.

 

Agazapado en un rincón que parecía atrapado por el tiempo, esperaba una nuca que escondía una vida, y que para él era un paso más hacia la libertad de una ideología.

Levantó su mano, apretó el gatillo; una vida se truncó y para él se encendieron un poco más los colores de su idea de la libertad.

 

Y ni siquiera cuando la prisión le abrazó, se dio cuenta que las rejas no le daban la razón, porque los colores de su bandera le cegaban la cordura.

 

Y una risa cínica se dibujó en sus labios, una lágrima espesa golpeó su libertad, y una guadaña diminuta, comenzó a crecer  para sustituir el arma que se escondía en su alma.

 

•20/10/2009 • 4 comentarios

Maison

 

Estás en blanco, hay momentos que crees estar ajada por dentro, la lluvia
torrencial que con su ruido te desconcentra, no ayuda, no escuchar su voz, te
hace creer que eres idiota, estúpida, y seguir escuchando la lluvia, hace que no
quieras salir del agujero del que deseas escapar.

 

De pronto te das cuenta que escribes porque a tus dedos les ha dado un ataque de realidad, tus manos obedecen, pero tú estás inconformista, radical, tiernamente fría, y con unas ganas desmesuradas de decir NO a todo, estás transgresora hasta de ti misma, y se te pasa por la cabeza poner en práctica la seducción de la crueldad, ésa seducción que algunas veces te han aplicado a ti.

 

Y eres normalmente muy positiva, pero ahora te acuerdas del libro que reposa en la mesita porque no te engancha, de la señora mal hablada del bus de la mañana, ésa a la que te dan ganas de decirle –Oye, córtate un poco, que estamos medio dormidas, y aquí hay dos niñas que cuando te escuchan se quedan con la boca abierta-. Te acuerdas de la cita que se anuló ayer, de la que nunca se ha producido por tu falta de valor, del cinismo camuflado pero que tú ves, de la hipocresía que has escuchado la última vez que te atreviste a encender la televisión.

 

Y te sigues acordando de que nunca lees el periódico porque todo tu tiempo es para los tuyos, pero que ellos si lo leen porque tú les das tu tiempo a ellos, de las manchas que se han quitado de la ropa porque te has encargado de darle a un botón que nadie sabe usar, y en esa realidad, deseas que se rompa o evapore la máquina que sostiene ese maldito botón que te esclaviza.

 

Y te falta algo, tus dedos se suavizan cuando de pronto la lluvia ha cesado y el ruido se evapora, ahora ya no estás en blanco, empiezas a estar en gris, y te duermes firmemente convencida, que mañana cuando el sol aparezca, volverás a ser la mujer que todos quieren que seas, pero algo ha cambiado, aunque ellos todavía no lo saben.

Cebos

•19/10/2009 • 3 comentarios

cebos

Mientras pesca con los píes colgando muy cerca del agua, inventa chirigotas con

forma de lombriz.

Con su botín se adentra al puesto del hombre, que más manchadas tiene sus

manos de pescado.

 

-. ¿Qué me traes?

-. Éste ha picado, los demás, parece que llevan retraso.

 

Cebos oscuros de piel, bordeaban el puerto. Goma, parecía llamarse la

embarcación; cebos de supervivencia, con forma de pantalla plana.