Él

Se imaginaba atravesando el espejo de su propia existencia, sometía a su imaginación el oasis abrazado por la oscuridad.
No andaba a través de sueños que a veces, se confundían con todo aquello que era tangible; pero se dejaba seducir en la certeza de la verdad. Quería ir más allá del espejo, huir del presente, era un impulso sentido al mirar sus manos, cuando daban dulzura o se ensangrentaban de crueldad.
En esos momentos la confusión dominaba su cordura, y le dejaba escuchar el llanto oculto bajo la cama de la habitación de al lado; trasnochaba con su sonido cuando de pronto la embriaguez, le dio un revés por dentro, sin dejarle ver el cuerpo maltratado y tirado en el suelo.
Intentó atravesar el espejo, pero solo consiguió dejar rastros de sangre, y devolverle su imagen en miles de pedazos rotos y con rasgos que le pareció no podían ser los suyos. Su reflejo se había convertido en su propio juez.
Se dirigió al balcón, se asomó, y se dejó abrazar por el vacío. En ese instante un llanto cesó, y unas pequeñas manos, acariciaban dejando rastros de esperanza en un rostro ensangrentado. Apenas se abrieron sus ojos en un interminable cansancio, pero una sonrisa nació en una nueva puerta abierta hacia la vida.
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Ella
Tonos ocres entrecortaban el cielo. Sus pupilas respondían a la luz aunque su cuerpo parecía pesar demasiado, tanto, que su mente no obedecía al deseo de incorporarse.
Sintió frío, era gélido y lastimaba más aún su rostro. Consiguió incorporarse despacio, cuando la puerta de la terraza hizo un fuerte ruido a causa del aire.
Recordó sus ojos cuando la pegaba, se retorció al recordarlo, y deseaba no volver a ver sus ojos, no sentir su ira, alejarse de la violencia de sus manos, eso no era amor no.
Apenas unos días atrás parecía cambiado, su forma de tratarla le ablandó el corazón, y recordó el momento en el que se conocieron, todo era perfecto, la felicidad para ella estaba entonces guardada en una burbuja que nadie era capaz de hacer desaparecer; sus manos al acariciarla, su mirada enamorada, sus detalles.
¿Qué había pasado? ¿En qué momento cambió? ¿Por qué?
Ahora tenía que escapar de él, alejarse con su hija, pero tenía tanto miedo, sabía que la encontraría, y que nunca se libraría de él.
El cielo pareció recobrar la cordura al teñirse de los colores del nuevo día, el ocre había desaparecido y el azul tímido, se asomaba para hacerle recordar que el tiempo no se paraba nunca.
Cerró los ojos y sintió un suave calor en las mejillas, sonrió al reconocer las manitas de su hija, le hablaba despacio pero sus oídos estaba dañados, y su cuerpo seguía sin responder.
Buscó la mirada de su hija y al encontrarla, supo que todo estaba bien.
La niña tiró de sus manos, y fue hacia la terraza, se incorporó muy despacio y miró hacía el vacío, su hija sonreía y llevó su móvil a sus manos.
Cerró la puerta de la terraza mientras el sol ya estaba a la altura de sus ojos.
El título lleva muchos nombres propios en él, no me cabían todos.














Han dicho: